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15 abr. 2012

Los Ikoots y la invasion trasnacional

Los mareños o huaves como les conocen los fuereños, o ikoots como se llaman a si mismos, son un pequeño pueblo indígena asentado alrededor del sistema lagunar del Istmo de Tehuantepec. Sus casi 20,000 integrantes habitan una decena de poblados, siendo el más tradicional San Mateo cerca de Salina Cruz y el más moderno San Francisco del Mar donde predominan las costumbres zapotecas y occidentales y donde la lengua materna casi ha desaparecido.

En su larga historia, los mareños han enfrentado graves peligros para la existencia misma su pueblos. De antiguo las invasiones zapotecas y aztecas los arrinconaron en una franja de tierra yerma y arenosa a orillas del Golfo de Tehuantepec y después sufrieron el embate de los conquistadores españoles; quienes los sometieron y mantuvieron por siglos como sus vasallos. En años recientes la expansión de las grandes empresas ha provocado graves daños ambientales y afectado de manera directa el patrimonio de los ikoots, quienes en buena medida se dedican a la pesca y al comercio de peces, jaibas y camarones. La construcción de la refinería de Pemex y la ampliación del puerto de carga de buques petroleros en Salina Cruz les trajo contaminación y cierre de las barras, lo cual ha provocado la lenta agonía de las lagunas.

Acorralados y sometidos, los ikoots mantuvieron una feroz resistencia para defender su territorio y su cultura ancestral, muestra de ello son su danzas y música consideradas como una de las expresiones más puras de las artes prehispánicas. Los pueblos mareños han mantenido durante largos años graves disputas con sus vecinos zapotecas, quienes han practicado un intercambio comercial abusivo y que les han disputado sus mejores tierras.

El conflicto entre San Francisco del Mar e Ixhuatán ha sido considerado como uno de los más graves en nuestro país pues están en disputa cerca de 20,000 hectáreas y a largo de los años se han suscitado numerosos enfrentamientos que han dejado un elevado saldo de muertos y heridos; por
su parte San Dionisio del Mar se ha confrontado en diferentes ocasiones con sus vecinos zapotecas de Unión Hidalgo y San Mateo del Mar ha mantenido un diferendo desde hace 60 años con los zapotecas de Huilotepec y sus hermanos mareños de Santa María del Mar única comunidad huave sujeta
a un municipio zapoteca.

La reciente presencia en la región de empresas extranjeras que tratan de imponer a toda costa sus proyectos eólicos ha generado graves conflictos al interior de los pueblos ikoots, o ha agudizado las viejas disputas agrarias. En San Dionisio del Mar los comuneros inconformes se han movilizado desde hace medio año en contra de la autorización que diera el cuestionado Presidente Municipal Miguel López Castellanos para la construcción del parque eólico San Dionisio.

La Comunidad de San Dionisio decidió hace dos meses el ocupar el palacio municipal, suspender clases y bloquear los accesos a la comunidad y la carretera transistmica en protesta por la construcción del parque eólico por parte de la empresa Mareña Renovables filial de la corporación
española Preneal, la cual en la barra de Santa Teresa pretende levantar el parque eólico más grande de América Latina para proveer de energía barata a empresas del poderoso grupo Monterrey. Este proyecto que dicen será el parque eólico más grande América Latina está siendo financiado por el Banco Interamericano para el Desarrollo (BID) el cual viola sus propias directrices operativas que lo obligan a consultar a los pueblos originarios.

En San Francisco del Mar la presencia de promotores de un parque eólico ha provocado un fuerte divisionismo al interior de la comunidad, ya que el
Comisariado de Bienes Comunales Pedro Alonso Carreño de quién se dice
recibió dinero de las empresas, ha tratado de imponer un acuerdo para
autorizar la creación de ese megaproyecto, enfrentadose por ello a un
número importante de vecinos y al mismo presidente municipal que se ha
negado a extender un permiso de cambio de uso del suelo.

Otro conflicto que desgarra a los pueblos ikoots y que ha sido agudizado
por la presencia de empresas trasnacionales es el que confrontan los
comuneros de San Mateo del Mar con su vecinos mareños de Santa María, con
quienes se disputan 1,093 hectáreas en barra Tileme, lugar sagrado para
los ikoots tradicionales. A raíz de que la corporación española Preneal
arrendó tierras en la zona de conflicto se desató una fuerte
confrontación, la cual ha provocado que los comuneros de San Mateo hayan
bloqueado desde hace dos años y medio el camino de acceso a Santa María,
comunidad que desde entonces ha permanecido aislada por tierra. En
represalia los mareños de Santa María han robado ganado, amenazado y
agredido a sus vecinos, ambas comunidades se acusan del incendio de
pastizales, cultivos y de rancherías. Este conflicto amenaza con estallar
violentamente los próximos días ante la indiferencia e incapacidad de las
autoridades gubernamentales.

La nación ikoots sufre una nueva invasión que no sólo le significa pérdida
de territorio. La presencia del megaproyecto eólico trasnacional en sus
tierras ha traído confrontaciones y violencia y ha exacerbado el
divisionismo y el encono al interior de los pueblos y entre las diferentes
comunidades. Hasta ahora la falta de información adecuada y de una
consulta previa que respete las formas de organización de este pueblo, ha
ocasionado graves problemas en toda la región.

Mientras esto ocurre el gobierno federal se solaza en los medios masivos
con proyectos que generan "energía limpia" sin decir que detrás de ellos
se encuentra el despojo a los pueblos nativos y el beneficio para gigantes
como Iberdrola, Preneal, Wall Mart, Cemex, Femsa o Bimbo. Por su parte el
gobierno estatal no cumple con su función de hacer valer los derechos de
sus pueblos y de frenar la especulación de actores que sin preocuparse de
las consecuencias, generan conflictos y violencia provocando un
desgarramiento mayor del tejido social.

Algo grave ocurre en el Istmo de Tehuantepec, la pequeña Nación Ikoots
vive una vez más el peligro de una invasión que amenaza su territorio, su
cultura y su propia vida.

Carlos Beas Torres
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